miércoles, 5 de marzo de 2014

En busca de una brújula con buenas, mágicas e insospechadas ideas para este año (Crónica del inicio de año de una docente de música )

Otra vez aquí, frente a la compu, con muchos libros, discos, recortes, ideas, recuerdos de actividades, crónicas de viajes, alumnos inolvidables, actividades que no funcionaron del todo... Claro, todo eso y mucho más.
El objetivo principal es responder a una pregunta: ¿qué hacemos este año?. Pero no parece ser tan fácil porque tentar las ansiedades con ideas super-mega-archi mágicas que harán que mis alumnos terminen siendo los mejores músicos del mundo, es algo que suele redundar en la cabeza de una profe en líos...
Lo importante no es desesperar, sino perseverar. He aquí algunas ideas de organización.

1. Leer, escuchar, mirar, agendar todo... ¡Todo!

Un cuadernito/agenda/machete es lo mejor que hay en este tiempo porque son tantos los libros, discos, webs, recursos que pasan por nuestras manos que es mejor no perder nada. Seguro que a mitad de año necesitás escuchar otra vez esa canción (si, esa que ni te acordás como se llama) porque te venía bien para ejercitar la ejecución del pulso... pero claro no te acordás en que disco estaba.
Los libros... hay los libros. Si yo pecara por algo en mi vida sería por la cantidad de libros que me compro por mes. Los leo a todos, a medida que siento que los necesito leer, los traigo al frente de la biblioteca. Me encanta recorrer librerías, mirar, siempre hay algún libro interesante que no tenés. Leer un libro es una experiencia única, cada uno te deja una sensación diferente, ideas nuevas o no tan nuevas que vas moldeando en tu cabeza. Por eso me gusta leer muchos libros en esta etapa en la cual tengo que pensar sobre mi propuesta de enseñanza, porque se renuevan ideas, se reafirman otras y se genera un espacio de “aire” que permite abrir puertas a la creatividad.

2. Pensar las primeras clases de modo tal de conocer a los niños.

No queremos que nuestra propuesta termine fracasando por el simple hecho de que no enseñamos lo que los niños necesitaban. Por otro lado, ellos saben mucho más de lo que imaginamos; y cuando de música se trata es mejor no subestimarlos. Por esto es conveniente pensar algunas clases que nos permitan conocerlos, interactuar con ellos.
Estos primeros encuentros tienen que tener objetivos claros y concretos, porque de lo contrario desperdiciamos este momento que es clave para pensar la propuesta del año. La grAAn pregunta a responderse es: ¿qué pretendo conocer de los niños?.
No es fácil el proceso de conocimiento de un grupo, porque en verdad creo que nunca terminás de sorprenderte (con los pequeños aun más). Además comprendí con el tiempo que es un proceso complejo, que implica motivación de ambas partes, de los niños principalmente. La motivación para conocernos es importante, ellos comprenden nuestro papel en la sala cuando adquieren confianza y seguridad, y creo que eso se logra partiendo de una propuesta interesante. Aquí esta la importancia del período de conocimiento mutuo: proponerles un proceso de aprendizaje interesante.

3. Lograr que la propuesta tenga nuestra impronta, se vea reflejado nuestras formas de trabajo.

Si bien la propuesta es destinada a nuestros niños, somos nosotros quienes la coordinamos, la llevamos adelante. No somos protagonistas pero nuestro grano de arena es demasiado grande como para descuidarnos. Por eso creo que la propuesta para este año de considerar lo que podemos hacer, conociendo nuestros horizontes, siempre apelando a “un poquito más” de lo que fue el año anterior. Cuando digo “un poquito más” no siempre debe interpretarse en términos cuantitativos.
Una propuesta interesante refleja nuestra manera de ser y creer (enseñar), y por sobre todas las cosas apela a potenciar el ser de nuestros niños, sin intentar cambiarlos ni condicionarlos, sino más bien generando condiciones para que puedan cambiarse a si mismos.
Espero haber aportado para calmar ansiedades típicas de este momento del año, porque es con estas ideas y mientras escribí estas lineas que logré calmar las mías. ¡Feliz comienzo para todos! Adelante!


Saludos!
@MiliLanghi

domingo, 28 de abril de 2013

Un posible proceso de evaluación para el área de Educación Musical

Para diseñar el proceso de evaluación tomamos como base teórica el portfolio. A partir de esto extrajimos algunas particularidades de este tipo de evaluación de modo tal de diseñar un instrumento que resulte adecuado a las características de los niños de esta sección.
Dispondremos de una figura de un tren realizado en un material lo suficientemente resistente para que perdure durante todo el año. Este tren constará con cinco vagones, uno para cada unidad de esta planificación. Así mismo cada vagón será particularizado con un color que coincide con el que tendrá cada unidad, y además brindará la posibilidad de guardar dentro del mismo papeles, CD´s, imágenes, dibujos de los niños, etc. Así durante el desarrollo de la unidad se podrán guardar ahí mismo referencias a las producciones realizadas por los niños. En el caso de ser producciones musicales estas se grabarán de modo tal de, llegado el momento, poder escucharlas.
Es importante esta descripción detallada que realizamos del recurso material que se utilizará pues es parte esencial de la posibilidad que les brindaremos a los niños de autoevaluarse. Con esto queremos expresar que el proceso que los niños realicen para auto evaluarse será tan valioso como el propio proceso de aprendizaje, pues justamente es entendida la evaluación como un proceso de aprendizaje en sí mismo. De este modo propone un proceso de evaluación como aprendizaje.
Una característica sustancial del instrumento de evaluación del cual nos estamos “inspirando” para diseñar esta evaluación de proceso es la reflexión por parte de los niños sobre las evidencias recolectadas en cada vagón (trabajos, experiencias, grabaciones, dibujos, etc). Esto es porque, será la reflexión y la toma de decisiones sobre incorporar o no tal o cual evidencia en el vagón, lo que permitirá vincular todas estas experiencias con los aprendizajes realizados y regular el proceso de aprendizaje (identificar qué se superó ampliamente o qué puede mejorarse). Además será este el momento en que los niños tomarán consciencia de de su propio aprendizaje que esto es también, aprender sobre el aprendizaje realizado.
Para dar cuenta de esta reflexión sobre el proceso se propone realizar “paradas” (para los niños será, por ejemplo, la “parada en la estación violeta”), donde se identifique un momento en revisar (escuchar, mirar, pensar) todo lo que se guardó como evidencia en el vagón correspondiente (en el ejemplo, el vagón violeta) y se emitan juicios de valor sobre lo realizado. Para lograr esto, se planificarán, lo que llamaremos “ayudas”, que permitirán guiar al grupo de niños de modo tal de lograr conclusiones sobre lo realizado. Esto no será una tarea sencilla para los alumnos, porque les estamos proponiendo que piensen sobre lo que hicieron y, aun más, puedan expresar e identificar fortalezas y debilidades de su trabajo. Pero en este punto una cuidadosa planificación de las “paradas” puede salvar algunas de estas dificultades.
Una aclaración importante sobre las “paradas”: éstas se realizarán inicialmente luego de terminada una unidad, es decir cuando el vagón esté “totalmente cargado” de evidencias. No obstante no se descarta la posibilidad de plantear una actividad de reflexión en otros momentos del desarrollo de las unidades (“parada de emergencia”). Esto posiblemente dependerá del las decisiones didácticas que se vallan tomando a lo largo del proceso de enseñanza y aprendizaje en cada sala en particular.
Además de considerar este poderoso instrumento de evaluación nos parece importante otorgar un lugar en este desarrollo al feedback de las actividades de instrumentación y ejecución musical. Para Ferrero y Martín (2002),
(…) el docente por medio del feedback intenta que el grupo o cada integrante del mismo mejore a partir del entendimiento de su performance, observada desde afuera. El profesor a cargo en algún momento debe colocarse como oyente externo, evaluando el resultado artístico musical del mismo, intentando separar el conocimiento que posee del desenvolvimiento del grupo, de la comunicación entre ellos, de la aceptación o no de consignas, de las capacidades individuales observadas durante el proceso, entre otros aspectos. (pp. 325)

Desde estas perspectivas abordadas, vemos que la evaluación estará fusionada explícitamente con el proceso de enseñanza desde estas dos cuestiones: la retroalimentación constante en las actividades corales y de instrumentación, y en la evaluación y auto evaluación del proceso través del “portfolio grupal”.


Todo diseño de evaluación como todo producto humano es susceptible de mejora y por tanto sujeto a crítica. Pensamos que la mejor forma de aproximarse al objetivo de realizar evaluaciones justas es precisamente reconociendo nuestra incapacidad para ser evaluadores perfectos” (Prieto Alberola, 2001, p.337)